Por qué la biodiversidad es buena para nuestra salud

¿Sabes por qué son importantes los caracoles de concha cónica? Y ¿los osos polares? Y ¿las esponjas de mar? El mundo natural nos ha regalado incalculables beneficios para la salud y la medicina, y probablemente alberga muchos más avances por descubrir. Sin embargo, corremos el riesgo de perder estos beneficios si seguimos degradando el medio ambiente.

La Conferencia de Biodiversidad de la ONU, la COP25, acaba de concluir esta semana en Montreal con un acuerdo histórico para proteger el 30% de las tierras, zonas costeras y aguas continentales del planeta para finales de la década.

Actualmente, un millón de especies están en peligro de extinción, y si las especies continúan perdiéndose de forma exponencial, las funciones de los ecosistemas, vitales para la salud humana y la vida, seguirán perturbadas.

Los ecosistemas proveen bienes y servicios que sustentan toda la vida de este planeta, incluyendo la vida humana.

Aunque sabemos mucho sobre el funcionamiento de los ecosistemas, estos regularmente envuelven procesos complejos y son de una escala tan vasta que a la humanidad le resultaría imposible sustituirlos, no importa cuánto dinero se gaste en el proceso.

Un laboratorio viviente

La mayoría de las medicinas prescritas en los países industrializados proceden de compuestos naturales producidos por animales y plantas. Mil millones de personas en el mundo en desarrollo depende de plantas médicas tradicionales para la atención primaria de la salud.

Muchas curas de la naturaleza son familiares: los analgésicos como la morfina procedentes de las amapolas de opio, la quinina antipalúdica producida por la corteza del árbol cinchona de América del Sur o el antibiótico de la penicilina que generan unos hongos microscópicos, mientras los microbios descubiertos en el suelo de RapaNui (Isla de Pascua) combaten las enfermedades del corazón al reducir el colesterol. 

Otros tratamientos, en cambio, no son tan conocidos por el público general, pero el AZT, por ejemplo, uno de los primeros medicamentos contra el VIH/SIDA, provino de una gran esponja de aguas poco profundas que vive en el Caribe, que resulta ser la misma esponja que produjo antivirales para tratar el herpes y sirve como fuente del primer medicamento contra el cáncer de origen marino autorizado en Estados Unidos.12-12-2022-polar-bears-unsplash.jpeg

Un reservorio crucial para futuros tratamientos

Hasta la fecha, solo se han identificado alrededor de 1,9 millones de especies, de las que muchas apenas han sido estudiadas. Se cree que hay millones más que son completamente desconocidas.

Todo lo vivo es el resultado de un complejo «laboratorio viviente» que ha estado realizando sus propias pruebas clínicas desde que comenzó la vida hace aproximadamente 3700 millones de años.

Esta biblioteca farmacéutica natural alberga innumerables curas por descubrir, si no las destruimos antes de que sean reconocidas.

Consideremos el oso polar, ahora clasificado como especie amenazada de extinción. A medida que su hábitat ártico se derrite debido al cambio climático, el depredador terrestre más grande del mundo se ha convertido en un ícono de los peligros que plantea el aumento de las temperaturas en todo el mundo.

Pero también podrían ser un icono para la salud.

A pesar de tener un nivel de grasa que pondría en peligro la vida de los seres humanos, Los osos polares son inmunes a la diabetes de tipo II.

Unsplash/ Hans-Jurgen-Mager A pesar de tener un nivel de grasa que pondría en peligro la vida de los seres humanos, Los osos polares son inmunes a la diabetes de tipo II.

Soluciones a la diabetes, la osteoporosis y la insuficiencia renal

Los osos polares han desarrollado naturalmente «soluciones» a problemas como la diabetes tipo II, la osteoporosis y la insuficiencia renal, todo lo cual causa miseria a millones de personas.

Por ejemplo, los osos polares acumulan grandes cantidades de grasa antes de hibernar. Sin embargo, a pesar de tener grasa en un grado tal que pondría en peligro la vida de los humanos, aparentemente son inmunes a la diabetes tipo II.

Además, permanecen inmóviles durante meses, pero sus huesos permanecen sin cambios.

Y, mientras están inactivos, no orinan, pero sus riñones no se dañan. Si entendiéramos y pudiéramos reproducir cómo los osos administran su grasa, cuidan sus huesos y desintoxican los desechos mientras hibernan, podríamos tratar, y tal vez incluso prevenir, la diabetes tipo II, la osteoporosis y la insuficiencia renal en los humanos.

Solo para darnos una idea de cuál podría ser su beneficio, si podemos descubrir estos secretos antes de que los osos polares desaparezcan, basta señalar que:

  • actualmente, el 13% de la población mundial es clínicamente obesa, y se prevé que el número de pacientes con diabetes tipo II aumente a 700 millones para 2045
  • a lo largo de sus vidas, una de cada tres mujeres mayores de 50 años y uno de cada cinco hombres experimentarán fracturas óseas relacionadas con la osteoporosis
  • Solo en los Estados Unidos, la insuficiencia renal mata a más de 82,000 personas y le cuesta a la economía 35 millones de dólares al año

Los arrecifes de corales y la morfina

Otro ejemplo es el de los arrecifes de coral, a veces denominados «selvas tropicales del mar» debido a su alta biodiversidad.

Entre los innumerables habitantes de estos arrecifes se encuentran los llamados caracoles de conchas cónicas, un molusco depredador que caza con unos dardos que contienen 200 compuestos tóxicos distintos.

La droga Ziconotide copia exactamente a un péptido tóxico de uno de estos caracoles, y no es solo 1000 veces más potente que la morfina, sino que también evita la tolerancia y la dependencia que los opioides pueden causar.

Hasta la fecha, de todas las 700 especies de caracol de concha cónica, solo seis se han examinado en detalle, y de los miles de compuestos únicos que albergan, solo se han estudiado 100 en detalle.

Los arrecifes de coral y todos sus ocupantes están siendo destruidos a tasas alarmantes.

Unos peces nadan alrededor de un arrecife de coral en el Mar Rojo frente a la costa de Egipto.

Coral Reef Image Bank/Alexander Unos peces nadan alrededor de un arrecife de coral en el Mar Rojo frente a la costa de Egipto.

No solo una despensa química

Proporcionar compuestos químicos no es la única forma en que la biodiversidad es crucial para nuestra salud. Una sorprendente variedad de especies ha ayudado a revolucionar el conocimiento médico.

El pez cebra, por ejemplo, ha sido fundamental para nuestro conocimiento de cómo se forman los órganos, especialmente el corazón; mientras que un gusano redondo microscópico ha llevado a la comprensión de la «muerte celular programada» (apoptosis) que no solo regula el crecimiento de los órganos, sino que, cuando se interrumpe, puede causar cáncer; y las moscas de la fruta y las especies bacterianas fueron los principales contribuyentes a la investigación que cartografió el genoma humano.

Todo ello ilustra que puede haber especies no descubiertas que posean atributos que las hagan particularmente adecuadas para estudiar y tratar enfermedades humanas. Si estas especies se pierden, sus secretos se perderán con ellas.

¿Qué impulsa la actual pérdida de biodiversidad?

El factor principal que conduce actualmente la pérdida de biodiversidad es la destrucción del hábitat en la tierra, los arroyos, los ríos, los lagos y los océanos.

A menos que reduzcamos significativamente nuestro uso de combustibles fósiles, se anticipa que solo el cambio climático amenaza con la extinción de alrededor de un cuarto o más de todas las especies en la tierra para el año 2050, superando incluso la pérdida de hábitat como la mayor amenaza para la vida en la tierra.

Las especies en los océanos y en agua dulce también están en un gran riesgo por efecto del cambio climático, especialmente aquellas como los corales que viven en los ecosistemas sensibles a las temperaturas del calentamiento, aunque aún no se ha calculado la extensión de ese riesgo.

UNICEF realiza campañas en Myanmar para concienciar a la población sobre el VIH-SIDA.

© UNICEF/Zar Mon

Planeta saludable, humanos sanos.

Las pérdidas de la biodiversidad influyen en la salud humana de muchas maneras. La interrupción del ecosistema y la pérdida de la biodiversidad tienen importantes impactos en la aparición, transmisión y propagación de muchas enfermedades infecciosas humanas.

Los patógenos del 60% de las enfermedades infecciosas humanas, por ejemplo, la malaria y la covid, son zoonóticos, lo que significa que han entrado en nuestros cuerpos después de haber vivido en otros animales.

El virus que causa el VIH/SIDA, y que ha matado a más de 40 millones de personas hasta la fecha, probablemente saltó de los chimpancés. En general, puede haber 10,000 virus zoonóticos que circulan en silencio en la naturaleza hoy en día y son capaces de pasar a nosotros desde otras especies.

Esto hace que el enfoque de salud sea un enfoque colaborativo, multisectorial y transdisciplinario que reúne a diversas agencias intergubernamentales, gobiernos y actores locales y regionales para abordar la salud humana y la salud ambiental juntos para minimizar el riesgo de enfermedades futuras.

Egoístamente, si el mundo natural está sano, nosotros lo seremos también.

Seguro de vida planetario

Un desafío clave para las organizaciones que trabajan en preservar la biodiversidad es convencer a los responsables políticos, y el público en general, que los seres humanos y nuestra salud son fundamentalmente dependientes de los animales, plantas y microbios que compartimos este pequeño planeta.

Somos totalmente dependientes de los bienes y servicios que proporciona el mundo natural, y no tenemos otra opción, sino preservarlo.

El Foro Económico Mundial estima que la mitad del Producto Interior Bruto mundial, unos 44 billones de dólares, depende de la naturaleza.

A nivel mundial, los ingresos anuales de la industria farmacéutica son de 1,27 billones de dólares, y cada año, la atención médica en los Estados Unidos cuesta más de cuatro billones.

En comparación, la cantidad de dinero necesaria para cerrar la brecha financiera de conservación de la biodiversidad es de solo 700.000 millones al año. Para la salud y el seguro de vida del planeta, esa cifra no es solo una ganga, es una necesidad.

Los humanos no podemos existir fuera de la naturaleza. Proteger las plantas, los animales y los microbios con los que compartimos nuestro pequeño planeta no es voluntario, ya que son estos organismos los que crean los sistemas de apoyo que hacen que toda la vida en la Tierra, incluida la vida humana, sea posible.

Fuente : ONU